2025 - Metodología del ranking de las 50 ciudades más violentas del mundo

Por decimosexta ocasión en que se incluyen 50 urbes, presentamos el ranking de las ciudades de más de 300 mil habitantes con las tasas de homicidio más elevadas del mundo. Hacemos este ranking con el manifiesto objetivo ciudadano de llamar la atención sobre la violencia en las urbes, particularmente en América Latina, para que los gobernantes se vean presionados a cumplir con su deber de proteger a los gobernados, de garantizar su derecho a la seguridad pública. Lo que buscamos también es que nadie, ni gobernantes ni gobernados de un país o jurisdicción subnacional, quieran que su ciudad o ciudades figuren en este ranking y que, si su urbe o sus urbes ya están, hagan el máximo esfuerzo para sacarla(s) lo antes posible. Nos complace grandemente tener noticias de la reducción de los homicidios y sobre todo que ciudades salgan del ranking. El que persigamos un objetivo ciudadano con este estudio periódico, no significa que prescindamos del mayor rigor académico que sea posible. Un esfuerzo de medición como éste sólo puede hacerse con honestidad intelectual, con apego a la verdad. No puede haber lugar para las medias verdades o las exageraciones. No nos mueve el interés de incluir o excluir ciudades o de torcer los datos para atribuirles tasas superiores o inferiores de homicidios y sus posiciones en el ranking, conforme a alguna agenda política o ideológica. Nuestro interés es simplemente conocer la verdad. El propósito de exponer la metodología del ranking es transparentar, tanto como sea posible, la forma en que llegamos a los resultados aquí expuestos. Si las operaciones de cálculo un ranking o cualquier otro ejercicio de medición no son transparentes, verificables y replicables, entonces sus resultados no pueden ser tomados por verídicos y creíbles. El mayor obstáculo que este esfuerzo enfrenta es la falta de transparencia de los gobiernos de varios de los países con urbes que se incluyen en el ranking. Pero con el paso de los años, debemos reconocer, cada vez hay mayor transparencia en la mayoría de jurisdicciones, aunque en otras hay retrocesos. Las cifras de homicidios y de población tienen como fuentes a las oficiales de cada país, en casi todos los casos. Y esto a pesar de que hay gobiernos que falsifican datos para hacer creer que hay una incidencia criminal inferior a la real, como es el caso de México. Sólo excepcionalmente hemos recurrido a estimaciones o a fuentes periodísticas cuando hay omisión de cifras oficiales o estas son ostensiblemente falsas. Tal fue el caso -por algunos años- de Venezuela. Varios periódicos se dedicaron a hacer sus propios conteos de homicidios, como parte de la labor cotidiana de sus reporteros que cubrían las fuentes policiales o de nota roja. Esos medios de comunicación venezolanos suplían la ausencia de información de fuentes oficiales o sus invenciones propagandísticas. Debe tomarse en cuenta que los medios de comunicación no alcanzaban a registrar todos los homicidios y las cifras reales debieron ser mayores a las contadas por la prensa. Pero aun con estos defectos, esas cifras eran preferibles a la omisión de cifras oficiales o a las de la propaganda del gobierno. En la medida en que la destrucción económica y social de Venezuela (a cargo de su gobierno) la prensa independiente fue menguando hasta la casi completa extinción, los medios de comunicación cesaron su labor de conteo y se cerró la única fuente alternativa de información que ofrecía una visión muy aproximada a la realidad de ese país. Cabe advertir también que no incluimos las cifras de muertes como resultado de conflictos bélicos, pues ninguna estadística criminal seria las incluye en ninguna parte del mundo, según las prácticas universalmente aceptadas. La Organización Mundial de la Salud clasifica y cuenta los homicidios dolosos o intencionales en forma por completo separada de las muertes como resultado de conflictos bélicos, ya se trate de guerras civiles o entre naciones, aunque ambas clasificaciones formen parte (con otras) de la categoría general de “causas externas” de muerte.1 Casi todas las instituciones de estadística del mundo proceden igual. La Oficina Contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas procede con la misma metodología. Un fenómeno que se observa con las guerras es que los países involucrados dejan de reportar las cifras de homicidios, porque en general los Estados ven dislocado su normal funcionamiento. Así se ha observado en los casos de Siria, Yemen o Ucrania, con relación a los datos publicados por la Oficina Contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas. En cambio, los países en guerra sí reportan cifras de homicidios a la Organización Mundial de la Salud, aunque con retraso de años y sin incurrir en la aberración de mezclar las cifras de homicidios con las muertes resultado de conflictos bélicos.